Si ya era difícil entender el recibo de la luz, no digamos ahora. Este jueves 1 de octubre, las eléctricas empezarán a facturar la tarifa regulada --precio voluntario para el pequeño consumidor (PVPC)-- a más de seis millones de clientes con contador inteligente y listo para la telegestión. Al resto de clientes con PVPC se les seguirá aplicando el patrón medio de consumo general correspondiente el tipo de tarifa que calcula Red Eléctrica (REE).
El precio del kilowatio (kW) del 40% de la factura variará 24 veces al día o 720 veces al mes. Un galimatías. Nadie podrá saber de antemano lo que le va a costar el próximo recibo porque dudo que nadie se dedique a calcular el precio de cada hora. En general,el coste es más elevado en las horas de más demanda, por ejemplo a las siete u ocho de la mañana en días laborables, y menor en las de menor, por ejemplo a medianoche y de madrugada. En cualquier caso, todo ello está construido a partir de un mercado de generación oligopolístico que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) afirma que estudiará (una vez más). Y la pieza angular del sistema, los contadores inteligentes, aún no están operativos en todos los hogares. Las compañías deben aplicar un calendario gradual de implantación que se prolonga hasta el 2018.
¿Le servirá de algo todo ello al consumidor? Más bien de poco. El margen de ahorro aprovechando los precios horarios se podrá desarrollar en electrodomésticos que se utilizan ocasionalmente, como una plancha,un microondas, un lavavajillas o una lavadora. Unos céntimos o un euro al mes de ahorro como mucho, estiman algunos expertos. Pero el que más consume, el frigorífico, por ejemplo, difícilmente se apagará o encenderá en función de lo que cueste la luz. Seguro.
Quienes sí que que sacan más partido de la situación son las eléctricas, en especial las mayores que, además de distribuidoras (negocio regulado) tienen filiales comercializadoras en el libre mercado. Ante el temor del usuario a la imprevisibilidad de los precios les ofrecen cuotas estables con las que ganar seguridad a costa de pagar más u otros inventos comerciales con los que apenas se ahorrarán nada. De nuevo se regula en favor de los oligopolios y de espaldas a los verdaderos intereses de los consumidores. En fin, nada nuevo.

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