De entrada, el desplome del petróleo parece que tiene efectos positivos para las economías, en especial las occidentales. En su mayoría son consumidoras pero no productoras de crudo.
El problema es para los países que extraen el conocido como oro negro. Lo que ellos dejan de ingresar lo ganan los estados compradores. Es como una transferencia de recursos de los unos hacia los otros.
Uno de los beneficiarios es España. El ministro de Industria, José Manuel Soria, estima que el país se ahorrará 15.000 millones en la factura energética gracias a la caída de la cotización del petróleo. Pero no todo es blanco o negro como el material que contienen los barriles de 159 litros que son el estándar para el establecer la cotización en los mercados.
La situación en la que se encuentran algunos países productores hace que un descenso tan abrupto de los precios pueda acabar provocando crisis económicas y sociales. Y la industria petrolera, que ha paralizado al menos 400.000 millones en inversiones, se ha visto desinchada en bolsa y puede arrastrar a la banca que es dueña de buena parte de su deuda.
De ahí los estertores en los mercados financieros que,a su vez, temen por un proceso de desaceleración del crecimiento en China que, además de segunda economía mundial es también el segundo consumidor.
Y, en un momento en el que la oferta supera en 1,5 o dos millones de barriles diarios entrará pronto en el mercado producción de Irán, después de que se le hayan levantado las sanciones. Ante ese supuesto, los productores del cártel de exportadores, la OPEP, encabezados por Arabia Saudí, no están dispuesto a reducir sus bombeos para que su gran enemiga, la república islámica iraní, gane auqneu sea un centímetro de cuota de mercado. Y en esas estamos...

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